Paco. El nombre que todos, tanto en el CNMM, como en el mundo de la natación máster conoce.
Con 99 años, “es el ejemplo de que la pasión, la ilusión y las ganas de superarse no entienden de edad”, dice Quique García. “Cada competición que compartimos con él, es un recordatorio de que nuestros límites los ponemos nosotros mismos”.
Pero reducir a Paco a un número sería quedarse corto, porque Paco es mucho más que su edad, es una forma de entender la vida.
Para Jorge Yagüe, delegado de aguas abiertas, “Paquito es el espíritu de la Natación Máster por excelencia, es el secreto de la eterna juventud, es el espejo en el que todos nos miramos y, sobre todo, es el Gran Capitán de nuestro Equipo”.
Capitán. La palabra aparece una y otra vez cuando hablamos de él. No porque la lleve escrita en ningún cargo oficial, sino porque lidera de la forma más difícil: con el ejemplo.
Álvaro Ramírez, delegado de deportistas, destaca que “con 99 años, representa lo mejor del deporte: perseverancia, esfuerzo, motivación y compañerismo”. Y añade que “cada brazada es una lección de vida y cada entrenamiento, una muestra de que la pasión no entiende de edades”.
Quizá por eso resulta imposible hablar de Paco sin hablar de inspiración. De esa fuerza silenciosa que empuja a los demás a seguir adelante.
Como escribe Pau García: “No existe faro más potente que aquel que te empuja a salir a entrenar en las tardes frías de lluvia, justo cuando el agotamiento de una jornada interminable te exige claudicar”.
Y continúa con una reflexión que resume perfectamente lo que muchos sentimos al compartir piscina con él:
“Hace apenas diez meses nació mi hija. La separan noventa y ocho años de ese hombre, de mi referente. Y en esa grieta temporal de casi un siglo se esconde una certeza incuestionable: la única evolución que de verdad importa es la que sucede de puertas para dentro. Despertar cada día con la voluntad firme de parecernos un poco más a Paco es, sin duda, el mayor acto de resistencia y el regalo más honesto que podemos hacernos.”
Porque Paco inspira, sí, pero lo hace desde la cercanía.
Miguel Yñigo destaca “su inquebrantable ánimo y buen humor, su carácter sociable”, cualidades sustentadas sobre “un sentido común y una espiritualidad que hacen de él un ejemplo, una lección de vida”.
Felix Aldea, entrenador del Club, le describe de una forma especialmente hermosa: “Es casi imposible ver a Paco sin una sonrisa en su cara. Su eterna sonrisa precede al abrazo. Cada brazada es un abrazo a todos, a toda la natación, es el abrazo a la vida y, a la vez, una invitación a seguirle.”
Y es que quien conoce a Paco entiende rápidamente que su legado no se mide en tiempos, clasificaciones ni medallas.
Quique García lo expresa con precisión: “Cada vez que se tira al agua nos recuerda por qué amamos este deporte. Gracias, Paco, por tu ejemplo, tu compañerismo y por demostrar que los verdaderos campeones no se miden solo por las medallas, sino por la huella que dejan en quienes les rodean.”
Esa huella es la que percibe también Karen Winn cuando habla de él con el cariño de quien comparte equipo y admiración: “Paco, nuestro capitán, me llama ‘la capitana’. Es imposible sentir más orgullo que el de compartir con este hombre, un ser superior, un lugar tan distinguido a su lado.”
Jose Antonio Aponte, socio fundador, resume el sentimiento de muchos compañeros en pocas palabras: “Perseverancia, motivación e inspiración puesta a disposición para tod@s los que te conocemos, te queremos y te admiramos. Nuestro gran capitán del mundo acuático.”
Y Raquel Castro, presidenta del Club, recuerda que “Paco nos demuestra que la edad nunca define el espíritu. Para nuestro Club es mucho más que un compañero: es un ejemplo de valores, constancia y superación, un referente que nos enseña cada día que cuidarse, ilusionarse y seguir adelante, son la mejor manera de vivir”.
Por todo ello, Paco ocupa un lugar único en nuestro Club.
No solo por todo lo que ha conseguido, sino por todo lo que sigue regalándonos cada día que entra en una piscina, cada conversación compartida, cada sonrisa y cada brazada.
Porque algunos nadadores dejan marcas en el cronómetro.
Paco deja algo mucho más valioso: deja una huella imborrable en las personas.
